El bombardeo

El bombardeo del 16 de junio de 1955 ha sido silenciado durante cincuenta años.

Como consecuencia de los regímenes políticos que sobrevinieron hasta el advenimiento de nuestra democracia, ese silencio se vio facilitado.

Más aún, hasta la llegada del gobierno de Néstor Kirchner, existió una notable resistencia en darle a este hecho nefasto, la importancia que merece como un suceso que marcó indiscutiblemente nuestra historia y nuestra identidad.

El bombardeo del 16 de junio de 1955, es sin dudas un crimen de lesa humanidad, pero, sin embargo, ha tenido menor trascendencia que un crimen común; su “ocultamiento”, no puede pasar inadvertido.

Debemos reflexionar acerca de los motivos por los cuales un hecho tan atroz no ha sido merecedor, si quiera, de una inclusión en las conmemoraciones oficiales durante casi medio siglo.

Cabe recordar que ese 16 de junio, parte de las fuerzas armadas sublevadas desataron un inesperado bombardeo a las 12:40 hrs., en un día laboral como cualquier otro, impactando la mayoría de las bombas y metralla en la Plaza de Mayo, avenidas y calles céntricas de alrededores; arrebatándole la vida a miles de personas. Resultaron víctimas hombres, mujeres y niños sin distinción.

Desde aproximadamente las 10:00 de la mañana, los aviones se preparaban para bombardear la ciudad, pero el mal clima demoraba la operación.

Catorce cazabombarderos monomotores biplaza, North American, y seis bombarderos bimotores Beechcraft, llevaban más de dos horas y media en el aire sobrevolando el Río de la Plata.

Al mediodía, iniciaron el bombardeo y ametrallamiento en la Plaza de Mayo, con epicentro en la Casa Rosada, impactando la primera bomba frente al Ministerio de Hacienda, y la segunda, en la entrada del subte de la línea “A”.

Se arrojaron 10 toneladas de bombas que provocaron centenares de víctimas -testigos que estuvieron en lugar, afirman que el número de muertos sobrepasaba los 1000, sin contar los heridos.

Una de las bombas atravesó el techo de un trolebús repleto y aunque su carga incendiaria no deflagró, el desplazamiento de aire de sus cien kilos de peso alcanzó para matar a 58 de 60 personas a bordo, muchos de ellos chicos que iban a la escuela.

Más de 50 fallecidos, fueron reconocidos en las morgues por sus delantales blancos.

Entre los caídos había peronistas, antiperonistas, católicos, creyentes de todo credo y ateos. Todos argentinos asesinados en nombre de Cristo, de la libertad y de la democracia.

El bombardeo se efectúo sin que medie una guerra o estado de sitio, sobre una población civil y con total impunidad.

Debo resaltar que lo que sucedió fue una lucha entre las fuerzas armadas, unas en un accionar legítimo y las otras en estado de sublevación, procurando éstas últimas, derrocar al gobierno de Juan Domingo Perón.

Los acontecimientos no se desarrollaron entre sediciosos o entre fuerzas armadas sublevadas y grupos subversivos. No, fueron entre fuerzas armadas en un obrar legítimo unas y otras en uno ilegítimo, -aunque la ilegitimidad fue una cuestión de coyuntura-, puesto que tres meses más tarde iban a ser reivindicadas por el gobierno de la revolución finalmente triunfante, el 16 de septiembre.

Se pretendía derrocar al presidente a cualquier precio, incluso se decía que el objetivo era matar a Perón.

Ese día, el gobierno había programado un acto que consistía en un desfile aéreo que se realizaría en la Plaza de Mayo en homenaje al Gral. San Martín y en desagravio a la bandera nacional que había sido quemada en un episodio confuso unos días antes en la procesión de la celebración del “Corpus Christi”.

Se sostuvo que pretendían atrapar a Perón en el edificio de Casa de Gobierno, desde donde vería el acto programado para ese día.

En el contexto de ese acto anunciado por el gobierno, donde se esperaba un desfile aéreo, desataron el bombardeo sobre una plaza que reunía ya a miles de personas.

Con total intencionalidad y conocimiento de las circunstancias de modo, tiempo y lugar, se asesina a la población de manera generalizada, presuntamente ¿“para matar a Perón”?

Cuáles eran las “razones” que convirtieron a los perpetradores en “dioses” para decidir terminar con la vida de tantos y tantas argentinos y argentinas?

Si bien había un clima de tensión por algunos eventos que precedieron al bombardeo, como fue la quema de la bandera argentina en la procesión del 11 de junio de ese año, convirtiéndose el tradicional Corpus Christi en una auténtica manifestación política, no había ningún indicio de que un acto de semejante magnitud pudiere tener lugar. Ello, sin perjuicio de que hubo también otros hechos anteriores que, aunque de menor magnitud, generaron víctimas inocentes. En efecto, el día 15 de abril de 1953, con motivo de un acto oficialista, un «comando civil» hizo explotar dos bombas, una de ellas en el andén de la estación «Plaza de Mayo» de la Línea «A» de los subterráneos porteños.

Lo cierto es, que existía un fuerte malestar por parte de grupos opositores al gobierno peronista, entre los cuales estaba incluida parte de la Iglesia Católica.

Este malestar se agudizó con algunas medidas que se adoptaron, como la ley que derogó la enseñanza religiosa, la ley que implantó el divorcio vincular, el retiro del apoyo oficial a instituciones privadas de enseñanza católica, la autorización de las casas de lenocinio; y la ley que declaró la necesidad de reformar la Constitución para separar la Iglesia del Estado, entre otras. Pero la principal oposición de Perón se encontraba en la Marina, la que fue relacionada por él mismo, como asociada a Inglaterra en su derrocamiento.

Explicaba Perón en el exilio, en relación a la posterior revolución contra él, que fue hecha por los ingleses por un motivo económico, sustentado en el perjuicio que les causó la implantación de medidas de control en la importación de productos de ese país y la instalación de fábricas en el nuestro. Es decir, se había instalado una política que pretendía romper con la dependencia económica que existía hasta 1945.

Así también, Perón expresaba -refiriéndose al financiamiento de la Marina por parte de Inglaterra- lo siguiente: “…Nosotros sabíamos que Inglaterra estaba dirigiendo y financiando esto, y por ello, retiramos toda la munición a la Marina. No les dejamos ni las espoletas de los cañones. Pero los ingleses, desde las bases de las Malvinas, no solamente les facilitaron esas municiones, sino que también los abastecieron de combustibles y alimentos desde Montevideo…1.

Es evidente, que el contexto que rodeó al bombardero fue de lucha de clases; de un odio tremendo alimentado por los “poderosos” y por quienes, en ese proceso de liberación económica de los ingleses, veían afectados sus intereses. No obstante, reitero, nada hacía presumir la posibilidad de un bombardeo realizado por las mismas fuerzas que debían defender al pueblo contra el pueblo mismo; como en efecto, ocurrió ese 16 de junio.

Así las cosas, la Marina tuvo un papel fundamental en este episodio, ayudada desde el exterior; pero también, por civiles opositores tuvieron una participación muy importante en la conspiración, conjuntamente con un sector de la Iglesia Católica.

Matar a Perón

Ese ha sido el lema que endulzó los oídos de aquellos que odiaban al General y que consintieron el horror porque para ellos “el fin justificó los medios”. Pero haciendo un análisis de los acontecimientos históricos sucesivos, es evidente que el objetivo trascendía, matar a Perón.

A partir del 16 de junio de 1955, se instaló el terrorismo de Estado como un método sistemático para lograr imponer las voluntades de aquellos que establecieron posteriormente las dictaduras militares. Los mismos autores del bombardeo y sus continuadores, cometieron los crímenes de lesa humanidad más terribles, que todavía nos encuentran con las heridas abiertas; desapariciones forzadas, torturas, violaciones, exilios…

No hay nada más peligroso que el odio de clases y las grietas que se alimentan para satisfacer intereses económicos.

Oscar Wilde decía, “El único deber que tenemos con la historia es reescribirla”; pero entiendo que ese no es nuestro único deber. Debemos recordarla para aprender del pasado y evitar repetirla, MEMORIA, reescribirla con la VERDAD, y reparar a las víctimas, JUSTICIA.

Memoria, verdad y justicia

María Daniela Marino.

Nieta de Juan Carlos Marino, víctima del bombardeo.

Notas al pie

  1. CALVO, Luis y Otros, en la obra Yo, Juan Domingo Perón, Relato Autobiográfico, Editorial Planeta S.A, Barcelona, España, año 1976, pág 216/217
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